La populares Gráficas Molinari

Versión, subversión y perversión de las imágenes

Museo La Tertulia, Cali

1 septiembre 2018 – 20 marzo 2019

Gráficas Molinari fue un taller de gráfica popular fundado en 1952 por el español Antonio Molinari en Cali, Colombia. Desde la década de 1950 y hasta finales de los 80, la empresa, ubicada cerca de la Plaza Caicedo en Cali, reprodujo imágenes religiosas, mitológicas, de género, retratos, farándula, bodegones y paisajes a través de cromolitografías, una técnica de impresión que permite un color vívido e inusual dado el empleo de más de cuatro tintas y gamas especiales.

Las láminas se comercializaban por todo el país y algunas regiones de Latinoamérica; su producción en serie, distribución masiva y bajo costo las convirtieron en objetos populares que hacen parte de la memoria colectiva. Es impresionante constatar como las imágenes llegaron a todos los rincones del país, desde los comedores en las casas de los más distintos barrios en las grandes ciudades, hasta las tiendas de pueblos en lo más profundo de las montañas, donde todavía hoy se pueden encontrar imágenes como La mano poderosa, el retrato de Maria Lionza, la postal del Coliseo El Pueblo o la fotografía de un melancólico molino solitario en Holanda.

Uno de los mayores éxitos de la empresa consistió en su capacidad de llevar sus imágenes a todas partes, manteniendo un negocio siempre exitoso y de gran demanda dentro de su público. Gráficas Molinari logró configurar un colorido imaginario popular, de fuerte carga católica, de un erotismo pudoroso y socarrón, y que nos habla de un país encerrado y provinciano que sueña con escenarios bucólicos en Europa.

Imaginario que justamente quiso ser cuestionado y reelaborado por artistas colombianos de la segunda mitad del siglo veinte que ya no partían «del natural» para crear sus obras, sino que recurrían a las distintas imágenes reproducidas mecánicamente, para cuestionar su sentido, así como las tradiciones y los prejuicios que estas encarnaban. De modo que estas «inocentes» láminas fueron usadas por las hábiles manos de artistas con perversas intenciones, que con múltiples estrategias transformaron todos los sentidos posibles de estas imágenes.

Una de las láminas más comercializada por la empresa es la gráfica Molinari número 75 con la imagen del Ánima sola quemándose en el purgatorio. Desde la década de 1960 y hasta el presente varios artistas y cineastas se han apropiado de la imagen de forma radicalmente distinta, adormeciendo y despertando la inquietud que debería suscitar en nosotros la imagen de aquella mujer consumiéndose en las llamas que estamos tan acostumbrados a ver.

Beatriz González contrapone dos íconos femeninos, uno en el fuego y otro en el agua, en Doble retrato de Náyade (1967), donde copia la figura de la mujer con los brazos extendidos por el fuego junto con una Náyade o ninfa del agua tomada de otra gráfica Molinari. Juan Camilo Uribe aprovecha la reproductibilidad técnica de las gráficas populares a través del collage, en Ascensor para ánima sola (1974), genera una línea vertical de mujeres en llamas que ascienden o descienden del cielo, riéndose al cruzar la modernidad del intimidante ascensor mecánico con el imaginario católico del estado de transición (el purgatorio) entre el cielo y el suelo.

Pedro Manrique Figueroa, precursor del collage en Colombia, utiliza la lámina del ánima sola en un collage autorreferencial titulado Choachí (1954); cuando la Galería Santa Fe presentó una exposición dedicada a la vida y obra de este artista en 1996, se incluyó además de varios collages con láminas impresas por Gráficas Molinari, la obra El de atrás paga (1996) de Wilson Díaz, un telón con la imagen del ánima con el rostro recortado, colgado frente a una foto de Mao Tse-Tung; dos íconos de culturas opuestas enfrentados por su reproductibilidad como láminas decorativas.

En el ensayo documental Mucho gusto (1997) de Luis Ospina, la imagen del ánima sola es el fondo de una cita de Karl Rosenkranz sobre el infierno, que hace parte del libro Estética de lo feo publicado en 1853. “El infierno no es solo ético y religioso es también estético” dice el filósofo alemán; una frase que alude a la fotografía Gótico Americano (2008) del venezolano Nelson Garrido en la que también aparece una lámina del ánima sola junto al fotomontaje Caracas sangrando (1993), del mismo artista.

El ánima sola en el purgatorio es sin duda una de las imágenes reproducidas por Gráficas Molinari sobre las que se continúan haciendo apropiaciones. La ilustradora Powerpaola incluye en una de sus libretas la imagen dibujada del ánima en llamas junto a una escena erótica. 

Con tirajes superiores al de cualquier publicación seriada, las gráficas Molinari son el objeto idóneo para ser cortado e intervenido ad infinitum en collages, montajes, instalaciones, pinturas, etc; mezclando imágenes con códigos y valores culturales diferentes. Álvaro Barrios, por ejemplo, desarrolla de múltiples maneras el erotismo escondido en las imágenes religiosas que celebra el cuerpo desnudo de cristos y santos con una carga homoerótica, que podría pasar escondida si su mirada juguetona no se apropiara de imágenes como la de San Sebastián para subvertirlas. 

El caso más diciente de apropiación es el del artista Alfonso Suárez que se convierte en imagen, este barranquillero reproduce a través del performance la gráfica de Jose Gregorio Hernández, médico venezolano que es capaz de curar a distancia a quienes creen en la potencia de su imagen. El antecedente directo de la serie Visitas y apariciones (1993-2018) de Suarez, son las acciones del artista venezolano Carlos Zerpa que desde Caracas tergiversa los valores canónicos de las imágenes sagradas “para desmitificar a los falsos valores y las falsas deidades.” En 1981 Zerpa presentó un performance en Medellín cuyo registro consiste en la lámina Molinari de José Gregorio empaquetada junto a la “sangre cristalizada” del médico.

Esta exposición parte del archivo de Gráficas Molinari encontrado en una bodega del barrio El Troncal en Cali en 2016, para establecer cruces visuales entre la producción de artistas, fotógrafos y cineastas de varias generaciones que utilizan como insumo imágenes de distribución masiva poniéndonos a pensar en las imágenes que consumimos y en los modos en que dan forma a nuestros deseos y prácticas.